Con este Blog abro un camino de confluencia entre mis escritos literarios y los pedagógicos. El escritor y el maestro juntan sus voces para lanzar un mensaje alto y claro: Sí, es posible el pasaje hacia un mundo mejor... ¿Seguro? ¡Segurísimo! Ahora bien, desde ya te digo que no basta con querer creerlo, hay que creer... Creer en la filosofía de vida relatada en Goig o en la mostrada por la Escuela de la Alegría es un punto de arranque... Quizás no será el ideal, quizás tampoco el mejor, pero es necesario dibujar unas líneas en el horizonte si de verdad queremos partir hacia algo. Si no has leído nunca mis escritos seguramente te perderás ante mi seguridad. Si así es te convido a leerlos. Puedes hacerlo aquí o, si me lo requieres, te los mando por mail. Pero si ya eres lector/tora habitual entenderás muy bien hacia donde quiero ir... Y si en verdad piensas como yo te invito a quedarte... ¿Te gustaría ser ciudadano de Goig? Ya te explicaré como... ¿Para qué? Quien sabe, pero, ¿no dicen que la unión hace la fuerza? ¿Probamos? Sea cual sea tu opción mil gracias por tu visita y ya sabes: vuelve cuando quieras.

En la Tierra de Nunca Quizás. La Nación de Goig. EL VIDEO PROMOCIONAL

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sábado, 30 de octubre de 2010

Un viaje al reencuentro, un guia para la esperanza...

PASAJE HACIA UN MUNDO MEJOR

EN LA TIERRA DE NUNCA QUIZÁS. LA NACIÓN DE GOIG (7)

Un viaje al reencuentro, un guía para la esperanza...



3.2. Un guía para la esperanza: De cómo Teresa escogió de entre muchos a aquel que debía guiarla en su viaje al reencuentro.

Ahora sí salieron de la estación. Al hacerlo se dieron cuenta del porqué desde que llegaron sólo había pisado arena playera: el tren les había llevado hasta la misma playa.
¡Qué hermoso paisaje! A su izquierda un bosque de pinos y encinas calzaba zapatos verde hierba, pisando la tierra hasta que se encontraba con la arena. Una arena reluciente de grano grande y multicolor alfombraba el vestíbulo para la recepción del poderoso mar. Éste llegaba hoy despacioso, en una ceremonia donde las olas restaban un poco más de lo justo para saludar la tierra. Adentro, un azul diáfano bailaba al son de las corrientes con aquellas verdes tonalidades que en los zafiros relucen.
La playa estaba llena de figuras: hombres y mujeres, mujeres y hombres vestidos de negro permanecían de pie, inmóviles, con los pies medio separados y los brazos en la espalda invitando a una mano a estrechar dos dedos de la otra…
A Teresa, ahora sí, se le disparó el corazón: sus latidos marcaron un ritmo veloz como si quisieran adelantar el tiempo que faltaba hasta EL ENCUENTRO. ¿Iba a encontrar a su Guía? ¿Existía? ¿La iba a aceptar?
Aina se puso delante de la comitiva y, cerrándoles el paso, se giró y habló:

-Bien… Estamos aquí… Intentad no estar muy nerviosos, ¿vale? Aunque es muy normal que lo estéis. Estamos en esta playa pues en ella se da una luz muy especial. A través de una combinación de reflejos, destellos y sombras que nunca nos hemos preocupado de querer comprender la luz solar se concentra en esta playa en iluminar particularmente los ojos de las personas que en ella entramos. Ya sabéis, como se dice: “La mirada es el espejo del alma”…
Entrad sin programaros de ninguna forma, dejaros llevar por vuestras sensaciones. No os dejéis llevar por la primera impresión, aunque muy probablemente pueda ser la definitiva. Vuestro guía no tiene porqué ser del sexo opuesto al vuestro, ni debe tener forzosamente vuestro color de piel, o ser más alto o más bajo… No os fijéis en los cuerpos, por favor, centraros en sus ojos. Allí y sólo allí encontraréis, si la hay, la conexión que os debe unir… Para presentar vuestra candidatura a un Guía os debéis situar delante y adoptar su misma pose. Sabéis que dos personas o más pueden optar por el mismo guía. Así, el ritual de “Conexión” no empezará hasta que todo el mundo esté apostado ante su elección. Sabréis que el Guía ha aceptado vuestra candidatura si extiende sus brazos y os convida a tomar sus manos. Recordad que el Guía elegido puede decidir que os equivocáis en la distinción y rechazar vuestra oferta. Yo me quedo aquí, esperando a los que no encontréis hoy vuestro guía para acompañaros al tren. De los demás me despido ya: Hasta muy pronto… Una vez estéis conectados a un Guía él o ella será quién os acompañe durante, al menos, quince días… Pero seguro que nos veremos.
Adelante, pues, que la Paz os acompañe…

Teresa entró en la playa junto con todos los viajeros, Volvía a estar extrañamente tranquila. Aunque no encontrara finalmente a su Guía, ¡había aprendido tantas cosas!
Sin mediar orden de nadie se quitó los zapatos y los dejó al lado, en la hierba. Quería andar descalza, necesitaba sentirse conectada con la naturaleza y esa era una manera más que válida para conseguirlo.
No sabía hacia donde ir pero tampoco quería saberlo. Se dejó llevar por sus pasos. Iba acercándose uno a uno, o a una, a cada Guía y se quedaba un momento dejando que las miradas se cruzaran. No iba a ser fácil, no estaba encontrando una sola mirada que no brillara, que no inspirara confianza, que no fuera limpia y cálida…
La playa estaba muy llena y era difícil caminar sin chocar con nadie. Habría unas… ¡Qué más daba! ¿Se iba a poner ahora a contar? Debía abstraerse de cualquier distracción e ir a lo suyo, a lo verdaderamente esencial.
Se dio cuenta enseguida. Sí, al instante. Aunque no quiso finiquitar aun la búsqueda y siguió paseando ya no pudo embeber armónicamente su visión con otras retinas. Esos ojos, Dios, nunca había tenido esa sensación con nadie… Esos ojos le habían sonreído… Eran de color caramelo, grandes y preciosos, con unas pestañas que parecían flecos de tapices persas… Pero nada de eso era trascendente… Teresa giró sus pasos y volvió a buscarlos… No, no estaba errada: esa mirada la estaba sonriendo… Teresa no necesitaba más: de pie, delante de ese mágico recibimiento, escondió sus brazos a la espalda e invitó a una mano a estrechar dos dedos de la otra. Había presentado su candidatura.
Cuando miras fijamente a los ojos de alguien todo lo demás, el entorno de lo que importa, de tu centro visual, aparece como borroso pero perceptible. Mientras esperaba a que los demás terminaran su ronda de escrutinios Teresa no dejó ni un momento de alimentarse de la complicidad que esos ojos la ofrecían, pero no pudo desconectar totalmente su curiosidad por los marcos de tan cálido cuadro…
Se trataba de un hombre bastante alto, delgado pero de complexión fuerte. Parecía mayor que ella, pero no demasiado. Era o había sido moreno: sus cabellos negros azabache brillaban ya con centellas algodonadas por la edad. Espesas cejas parecían marcar una personalidad importante y su nariz, sin ser helénica, no destacaba por ser nada más que normal. Sus labios, uf, dibujaban unas formas y una contextura que… Una tentadora cortina de seda tejida con ternura que debía esconder un beso, unos besos de ensueño…
Teresa no pudo evitar sonreírse… “Anda, que el sol me está dando más debajo de los ojos…” Siempre fue una mujer apasionada pero, en esos momentos tan importantes de su vida, mira que pensar en besos… Entonces se dio cuenta: ya no sólo eran los ojos de su presunto Guía…, en su boca se dibujaba también una sonrisa. Y Teresa se sonrojó…

-La ronda de presentaciones ha concluido- La voz de Aina resonó tal como si hubiera hablado por megafonía- Os ruego a los Guías que respondáis a las candidaturas.

No era seguridad, tampoco presunción, pero Teresa sabía lo que iba a pasar, tenía muy claro que la Conexión se había establecido ya…
Y así fue: el Guía extendió los brazos y ofreció sus manos. Teresa, sin dudarlo, se las tomó.

El autoconocimiento, un viaje hacia la libertad...

PASAJE HACIA UN MUNDO MEJOR

EN LA TIERRA DE NUNCA QUIZÁS. LA NACIÓN DE GOIG (4)

La ponencia clave hacia el "Autoconocimiento", un viaje hacia la libertad



2.3. NOSCE TE IPSUM “El autoconocimiento y las estrategias relacionales”: De cómo un alma prepara su viaje hacia la libertad…

El Salón Reina Victoria estaba lleno a rebosar. Hombres y mujeres de toda España, quizás incluso de fuera, profesionales de todos los ramos, estudiantes, jubilados… Nunca es tarde para el saber… ¿Pronto? Eso sí, a veces el conocimiento llega demasiado temprano y no sabes procesarlo. Pero bueno, ¿no dicen que “el saber no ocupa lugar”?
Montse Sayol, la promotora del Congreso y amiga, cómo no, de Teresa, estaba en el fondo de la sala flanqueada de tres señores y tres señoras que debían ser los ponentes. Con el micrófono en la mano intentó hablar…

-Queridos amigos y amigas. Silencio por favor… Buenos días. Me presentó: soy Montse… A mi izquierda os presento a… derecha…Gómez…a las diez…cena de gala… mañana… clausura…sala de actos…bienvenidos.

¡Qué rabia! Pero que mal educada que era la gente… Entre que el micrófono no marchaba bien y que casi nadie callaba, Teresa no se había enterado de nada.
En esos casos solo quedaba hacer una cosa: seguir la corriente… La gente de delante estaba marchando hacia… Pues a marchar… ¿Hacia? ¿Hacia? La Sala de Actos, claro…
…
A veces no es necesario gastar tinta para narrar aquello que para el hilo argumental va a resultar intrascendente. Escribiendo detalles banales podría alargar la espera, llenar páginas y más páginas: las distintas ponencias, los entremedios, las charlas superficiales de la comida, … Podría contar lo guapa que estaba Teresa en la cena de gala, de cómo no quiso sumarse a la asistencia posterior a la discoteca, de cómo tardó y tardó en poder dormir aquella noche, de… Pero si lo hiciera estaría trampeando la verdad, daría una impresión falseada, pues en todo aquello que he listado, Teresa no estuvo… ¿Y pues? ¿Dónde estaba? Metida, muy metida en sí misma… Repitiéndose una y otra vez aquellos argumentos que parecían a la vez clavarla en el suelo de las realidades e invitarla a volar sus sueños…
Teresa hacía sólo seis meses que se divorció de su marido. No hubo salida, no pudo ser, ambos lo entendieron así… Llevaban demasiado tiempo separados. La vida a veces gasta esas bromas: nos une para luego llevarnos por caminos de madurez totalmente divergentes. Y un día te paras y buscas al otro, y está tan lejos, tan lejos de ti… ¿La vida? Quizás el destino, quizás nosotros…
Teresa llevaba tanto tiempo cansada de vivir la vida de los demás. Una vez leyó en un tratado de psicología un perfil que describía muy bien su forma de relacionarse: “intentar asentar tu propia felicidad en conseguir que los demás sean felices…”. ¿Y no era eso lo que había hecho o pretendido hacer toda su vida? Con el pretexto de conseguir que los demás se sintieran bien, ¿cuántas veces acababa accediendo a sus demandas aun a sabiendas de que eran contrarias a lo que ella en verdad le convenía, interesaba o simplemente apetecía? Ya no se trataba muchas veces de cosas importantes, a veces simples caprichos ajenos se sentaban sobre sus sueños o sus anhelos y los aplastaban…
Mientras fue creyendo que esa era su forma especial de vivir y relacionarse todo era relativamente soportable. Pero dentro de Teresa se fue produciendo un vacío cada vez mayor. Intentó llenarlo con hobbies y ocupaciones, con salidas y encuentros especiales con las amigas, con lecturas románticas que suplieran con lo leído lo no tenido… Pero nada de eso servía, pues Teresa no dejaba de ser una mera proyección de los demás y no aquello que realmente deseaba ser.
Con el paso de los años se instauró en su interior una amargura, una tristeza difícil de procesar. Comprendió que detrás de ese deseo de Dar, siempre existía la necesidad de recibir… que su amor hacia los demás no era todo lo altruista que ella misma había deseado ,… Tanto hablar de Amor Incondicional, tanto hablar de la entrega hacia el prójimo… Teresa, poco a poco, se fue haciendo consciente que, tras tanta entrega, solo existía su necesidad de llenar su propia soledad, tras tanto derroche de energía, de disponibilidad , solo existía su necesidad de ser aceptada, de sentirse útil, un aplauso, una palmadita en la espalda, quizás un abrazo… iba comprendiendo que su modus vivendi no era más que una excusa cobarde para no luchar contra esa inseguridad que desde pequeña arrastraba, contra ese vacío interior y esa necesidad de ser amada y comprendida . Casi todo lo que hacía lo hacía para agradar. Y seguro que lo conseguía, en muchas ocasiones, que no en todas. Pero, ¿y ella? ¿Se agradaba a ella misma?, ¿realmente sabia amarse?
Otra excusa pueril que con los años entendió que usaba para justificar su falta de coraje era un “rechazo a los conflictos” que aupaba la rendición al podio en cada carrera de intereses. Teresa sabía de dónde venía ese argumento: su miedo al grito, a la discusión fuerte y a cualquier situación que oliera simplemente a violencia, todo ello la invitaba al sacrificio contante de sus propios sueños y anhelos frente a la rendición de ceder a las constantes necesidades del resto del mundo, excluyéndose como si ella no perteneciera a el.
La otra era ya rotunda: “Yo no puedo hacer daño a la gente que quiero”… Con esa se inmovilizaba ante cualquier sentimiento que implicara rotura o cambios importantes.
Con todo eso encima, ¿cómo iba a sentirse Teresa? Era Nada, era Nadie, era su propia negación. Y claro: explotó… Un día, por una tontería, explotó… ¡Siempre a vuestro servicio! ¿Y yo? ¿No cuento para nada?… Tampoco es que fuera una exageración, pues Teresa se frenó pronto, pero aquel día gritó como nunca lo había hecho. Aquel mismo día Teresa entendió que debía cambiar y empezó la etapa de los “procesos”.
Así, le dijo a su marido que quería separarse, decidió cuidarse y escucharse tanto como pudiera, que poco a poco aprendería a decir “NO”, que… Así… Así estuvo Teresa no recuerda cuanto tiempo hasta que se cruzó con su amiga Meritxell…
Hacía pocos días habían coincidido en una reunión de amigas y Teresa se había extendido mucho hablando de cómo le iban las cosas, de cómo se sentía, de… Aquel día se encontraron por la calle y decidieron tomar un café. Meritxell era de esa clase de personas que en la sencillez buscan el bienestar. De su grupo de amigas era quizás la más franca de todas… Con la taza en los labios la miró fijamente y dijo:

-¿Cómo va la señora procesos?
-¿Qué quieres decir? - respondió Teresa.
-Mira, no te enfades pero das pena… Llevas años lamentándote de lo mismo. Actúa de una vez, coño, o acepta las cosas como son y deja de quejarte… -entonces cambio la voz y con tono falsete soltó- “Estoy en proceso de separación, estoy en proceso de autoconocimiento, estoy en proceso de…”-y recuperando la voz normal siguió- Si quieres separarte ve mañana a ver un abogado, si quieres conocerte, lo cual me parece una solemne tontería, pues ya te conoces más que bien, ve detrás de tus sueños… Si quieres intentar ser feliz, SÉ TÚ MISMA… Ah, y uno no aprende a decir “NO”… Dices “no” y sanseacabó… Mira que fácil…
Aún ahora Teresa no tenía claro si debía haber dado un bofetón a su amiga o abrazado… Pero se quedo muda… Eso sí, a la mañana siguiente fue a ver a un abogado. A los tres meses, con un proceso de por medio en el que se pactó un mutuo acuerdo, estaba divorciada
El divorcio fue un paso importante para intentar recuperar su vida, pero no definitivo… A parte de suponer un hito importante en la victoria sobre muchos miedos ese paso supuso que Teresa, quizás por primera vez en su vida, tuviera la sensación de ser absolutamente dueña de su futuro.
A partir de aquel punto Teresa paso una temporada, que aun duraba, muy metida en sí misma. Mucha gente le preguntaba si estaba triste, si tenía una depresión, si… Nada más lejos. Empezaba a sentirse viva, pero aun muy incompleta. Su sensación era que se estaba gestando algo importante dentro de sí misma, muy adentro… ¿Quizás se estaba gestando ella misma? ¿Iba a ser una nueva Teresa o simplemente iba a recuperarla? Sí, recuperarla… Aquella niña alegre e inocente, aquella chica llena de sueños y valiente… Teresa tenía la sensación de que su evolución iba a ser más un retroceso que una construcción…
No, sus miedos no desaparecieron, pero internamente sentía que podía llegar a utilizarlos más como fuerza que empuja que como freno. Estaba en ello.
…
Con ese sensacional viaje que Teresa intuía se estaba organizando en su interior, ¿cómo iba a estar muy atenta a lo que pudiera decirle el conferenciante de turno? Había escuchado tantas veces, tomado apuntes, comprado libros… Ahora tocaba escuchar su interior. Estaba preparada, sentía que la hora de partida se acercaba… Y debía hacer el equipaje, escoger aquello que realmente deseaba llevar, y hacer la colada, y darse un baño, dejar la piel sedosa para aquella caricia que el futuro iba a traer, perfumar su corazón para recibir con honores a ese Amor que seguro un día llegaría, limpiar de una vez sus dudas, sus miedos…
Y así pasó, casi, el fin de semana. El problema lo iba a tener Teresa cuando en su empresa le solicitaran conclusiones del Congreso. Pero ya se arreglaría… Quizás le pidiera a Pilar que le explicara… Quizás… Ahora quedaba sólo la ponencia de Clausura, aquella que de entrada le había parecido más interesante… A ver…
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